Menu

La liberación como limitación

19 noviembre, 2017 - A debate

En países muy diversos en su discurso y en la practicas sexuales se han emancipado del rígido control social pero la omnipresencia y la pretendida disponibilidad plena de lo sexual han banalizado y causado perdidas en sus cultura.

Una madre mete en secreto y con una sonrisa traviesa una cajita de condones Vigor en el bolsillo de la chaqueta de su hijo adolescente que participa de una acampada junto a algunos condicipulos entre los cuales hay hembras y varones. A la mañana siguiente constata radiantemente que solo queda uno. El abuelo, que entre sus castas paredes, se ve obligado a ver en un anuncio de televisión la instrucción sexual que practica el estado con los jóvenes preocupándose paternalmente por su salud, no cesa de sorprenderse por las relajadas costumbres de nuestra época. La empresa tabaquera que hace publicidad en un cartel de la parada de la guagua con un cenicero lleno y unas ropas interiores tanto de hombre como mujer sobre sabanas blancas en una blanda cama matrimonial, este anuncio indignaría a nuestras abuelas, si es que hacen por entenderlo. Mientras una feminista cualquiera se sentiría complacida pues ya nadie osa exponer una mujer públicamente como objeto sexual para anunciar productos.

El joven empresario que, durante el descanso de mediodía, ve pasar apresuradamente por frete a él aquella mujer que viste tan sobriamente, escondiendo las formas de su cuerpo, tal vez eche de menos al encanto femenino.

En función de la edad, el sexo, las circunstancia y las intenciones variaran la respuesta sobre el estado de la sexualidad en las sociedades actuales: se se esta «hipersexualidad»las sociedades o por el contrario, si la sexualidad desaparece cada vez más de la vida pública.

Tan solo el realizarnos esta pregunta es síntoma de una transformación en el comportamiento sexual actual, pues ¿quien habría preguntado en el siglo XIX o hasta en el pasado siglo XX si existe un exceso o una carencia de sexualidad, si esta en aumento o disminuye el ímpetu sexual. Sin dudas estas cavilaciones denotan solo un cambio cultural, no así en lo biológico.

En sus tiempo recordara el abuelo, la ley y la moral se unían en obligación de establecer con claridad los contornos de un orden en el que solo cabía un territorio en el que el impetuoso instinto masculino se toleraba y se reconducían.

En nuestros días, en cambio, se impone la claridad. La pareja determina el tiempo transcurrido entre el deso y su satisfacción, acortándolo lo más posible.

Etiquetas:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Compartir