Menu

Centenario del huracán de Nueva Gerona (o de Vuelta Abajo).

25 septiembre, 2017 - Hechos

Por: Luis E. Ramos Guadalupe. Un aporte de Carlos Alberto

Este 25 de septiembre habrá transcurrido un siglo del demoledor
impacto causado en el occidente de Cuba por el intenso huracán de
Vuelta Abajo, o de Nueva Gerona, como también se le nombró, y que
estampó una huella de miseria y destrucción en aquellas regiones.

El disturbio que le dio origen se generó en el Océano Atlántico; sin
embargo, su existencia fue detectada cuando penetró en el mar Caribe
oriental, en la tarde del día 19. Desde el 21 de septiembre se
desplazó con rumbo medio al oeste-noroeste, y según aparece en las
bases de datos contemporáneas, el día 23 alcanzó notable intensidad
(SS-4) poco antes de cruzar sobre el archipiélago de las islas Caimán.

En la mañana de ese mismo día resultó imposible desde La Habana
establecer comunicación telegráfica con Jamaica, donde se hallaba el
observatorio Kempshot (en Montego Bay), bajo la dirección del
meteorólogo inglés Maxwell Hall. Tal interrupción hizo sospechar a los
colegas cubanos que la situación había empeorado, y que el sistema
había alcanzado notable intensidad y fuerza destructora.

Al final de la madrugada del día 25 el centro del huracán comenzó a
aproximarse al grupo insular de los Canarreos. Horas después el ojo
del torbellino tocaba tangencialmente la costa nordeste de Isla de
Pinos (actual Isla de la Juventud), provocando devastación en todo el
territorio pinero. Nueva Gerona, La Fe y otros pequeños poblados
quedaron en ruinas, y la situación de los damnificados resultó
inenarrable. Aún los residentes en casas sólidas,con cubierta de
tejas, como las construidas por los estadounidenses establecidos allí,
sufrieron grandes daños.

El ojo del huracán de Vuelta Abajo tocó el sur de la isla de Cuba por
la costa del municipio San Cristóbal. Toda la zona central de Pinar
del Río comprendida entre Los Palacios, por el este, y San Luis por el
oeste, fue duramente golpeada. Existe copia de un barograma trazado en
Consolación del Sur, próximo a la zona central del meteoro, en el que
se aprecia que alrededor de las 8:00 p.m. del día 25, la presión
atmosférica descendió hasta 938 hPa. Ese valor coincide con otra
medición realizada en Isla de Pinos, y parece avalar que la mínima
sobre el territorio de Cuba estuvo efectivamente en ese orden, dado
que se obtuvo idéntico registro en dos instrumentos diferentes. Estos
valores de la presión, correlacionados con la magnitud de los daños,
inducen a ratificar que se trataba de un huracán de gran intensidad.

La información —incompleta y extraoficial—, procedente de los
corresponsales que reportaron a la prensa lo ocurrido, no permite
precisar el número exacto de víctimas a resultas del huracán, aunque
se puede colegir que no debió bajar de un centenar, y que la cifra de
damnificados se acercó a los 5 mil, la mayor parte de ellos
procedentes de las zonas rurales del centro de Pinar del Rio e Isla de
Pinos. A ello habría que sumar los daños humanos en las comunidades de
carboneros y pescadores, aisladas en el litoral y el mar.

Al salir del territorio cubano el huracán se desplazó hacia el golfo
de México con rumbo medio al noroeste. Poco después inició la recurva
y golpeó duramente, tres días más tarde, el territorio de Pensacola,
en el estado de la Florida.
Al abandonar el territorio insular por la costa septentrional del
occidente, muy cerca de la localidad de La Palma, se ratificaba la
“maldición ciclónica” de Pinar del Río, que una vez más le atraía la
furia de aquel mítico titán que los aborígenes caribeños invocaron
bajo el temible apelativo de Jurakán.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Compartir