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La invención del barroco

3 diciembre, 2015 - A debate

¿Qué relación guarda este tema con la cultura y el arte contemporáneo?

Los artistas, constructores, escritores y compositores de la época que comenzó al final del siglo XVI y terminó alrededor de 1800 no tenían cómo saber que estaban asistiendo al nacimiento de la obra barroca. Trascurrieron cien años para que se adoptase el termino que designó esa época. El barroco es, en realidad, un invento del siglo XIX, cuya burguesía estaba en crisis. En la actualidad utilizamos el término con mucha naturalidad para clasificar música y arquitectura, literatura y arte, e incluso para los acontecimientos sociales y científicos de una época que se caracteriza por manifestaciones sumamente contradictorias y complejas en todas esas áreas.

Pasado el choque de la reforma, hubo en la iglesia católica un periodo de paralización. La salida a esa crisis de identidad solamente se encontró en el siglo XVI con la realización del Concilio de Trento (de 1545 – 1563) aun antes del final de ese evento hubo los primeros concilios regionales hispanoamericano y, al contrario de lo que ocurrió en Europa, se organizaron en Lima y en Ciudad de México, en los años 80 del siglo XVI, los denominados “Concilios Terceros”destinados a ejercer una enorme influencia sobre todo en el periodo colonia. En el mismo Concilio de Trento los obispos españoles y portugueses tuvieron una importancia muy singular, la nueva perspectiva de un mundo que se había expandido de forma extraordinaria. No solo la lucha contra los movimientos disidentes de la Reforma en Europa ocupa una posición central en las discusiones del concilio, también desempeñó un importante papel el desafío que planteaba el recién descubierto y rápidamente conquistado mundo sudamericano para la reformulación del derecho universal a ser los únicos representantes de la fe verdadera.

De tal forma, a finales del siglo XVI la Iglesia Católica encontró su nueva identidad: fue en el barroco donde se cristalizó su “Identidad Corporativa”renovada. Por lo tanto, el arte del barroco está íntimamente vinculado a la estrategia universal de la iglesia de apropiarse conscientemente del poder de las imagines y de la sensualidad. El movimiento comenzó en Italia, el centro del poder eclesiástico y desde allí se propagó por toda Europa, llegando hasta los lejanos rincones de las misiones en las selvas sudamericanas. El proceso conduce a una amplia gama de diferenciaciones, a una fragmentación e individualización estética, que no se explican únicamente a través de las diferentes concepciones de dominación vigentes en España y Portugal.

Las contradicciones de la época con realmente colosales: por un lado, fue una época inebriada por la acumulación de poder y violencia, por la propiedad de tierras y seres humanos, por riqueza inmensa y por una brillante habilidad artística, pero que por otra parte despreció los derechos humanos y toleró la pobreza mortal. La crueldad diabólica del tráfico de esclavos y la belleza divina de las iglesias, siendo ejemplo paradigmáticos de la simultaneidad moderna de los extremos.

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