El estudio de la psiquis humana alcanza su punto culminante en el estudio de la personalidad del hombre. Precisamente, la tarea más importante que debe cumplir todo pedagogo, es la educación integral de la personalidad de sus alumnos. Pero esta tarea sólo puede cumplirse cuando los maestros y profesores dominen científicamente los aspectos teóricos que orientan su actividad práctica.
El proceso de educación de la personalidad es complejo y muy diverso. Si pensamos en un grupo de estudiantes a los cuales impartimos clases, nos percatamos fácilmente que cada estudiante presenta características personales que pueden ser muy diferentes, cada uno tendrá sus propios problemas, no todos asimilan los conocimientos de igual forma, nuestra relación individual con cada uno de ellos no es la misma. El trabajo educativo, por tanto, no será igual con todos y debemos ante todo saber caracterizar la personalidad de cada alumno para así poder influir positivamente en su educación.
La dirección pedagógica del proceso docente educativo abarca el cumplimiento de un conjunto de tareas, la primera de las cuales se refiere justamente a la constatación de los elementos del proceso docente educativo. Para ello es necesario el diagnóstico del nivel de desarrollo de la personalidad del alumno a través de la aplicación de diversos métodos y técnicas de investigación pedagógica.
Para concebir adecuadamente la educación de la personalidad, hay que conocer primeramente cómo se forma y desarrolla. Para dar respuesta a esta interrogante se debe partir de lo planteado por la concepción materialista dialéctica, sobre la formación y desarrollo de la psiquis expresada en los tres principios generales de la Psicología materialista dialéctica, explicados en el libro «Desarrollo Ontogenético de la Personalidad»; a saber: Principio del Desarrollo, Principio del Determinismo Dialéctico y Principio de la Unidad de la psiquis con la Actividad y la Comunicación.
Si asumimos que la personalidad es un nivel superior de organización de la psiquis, entonces puede plantearse que se forma y desarrolla según lo expresado en dichos principios.
Así la personalidad se adquiere mediante un proceso de desarrollo condicionado histórico y socialmente, gracias a la actividad, en el proceso de comunicación con los demás. El hombre al nacer es simplemente un individuo perteneciente a la especie humana y sólo mediante un proceso de desarrollo a través de la interacción con la realidad, de sus relaciones sociales, deviene personalidad.
Ser personalidad significa no sólo adaptarse al medio y actuar sobre él, sino también influir de manera activa sobre el mismo, transformándolo e influir sobre sí. Significa apropiarse de la experiencia cultural humana y haber logrado un alto nivel de desarrollo psíquico.
De este modo, la personalidad es un producto relativamente tardío en el desarrollo del hombre que se manifiesta definitivamente en la adultez, pero sus cualidades comienzan a formarse muy tempranamente, en un proceso que atraviesa varias etapas.
Para el desarrollo de la personalidad debemos tener en cuenta las condiciones expresadas en el principio del determinismo dialéctico y que se refiere a las condiciones tanto internas como externas para el desarrollo psíquico del individuo.
Un problema crucial en la psicología es lo referente al papel que juega cada uno de estos factores respecto al desarrollo de la personalidad. La concepción materialista dialéctica sobre la formación y desarrollo de la personalidad expresa la unidad entre las condiciones internas y externas del desarrollo lo que significa a su vez la unidad entre lo biológico y lo social, así el factor biológico aporta las premisas anátomo – fisiológicas al desarrollo de la personalidad (referidas fundamentalmente al sistema nervioso y su base material, el cerebro) y el factor social constituye la fuente de desarrollo de la cual se nutre la experiencia del individuo. Ninguno de estos factores por sí mismos pueden determinar el desarrollo de la personalidad, sólo gracias a la actividad y la comunicación puede ocurrir dicho desarrollo, es decir a la interrelación entre lo externo y lo interno.
Hay que recordar que esta interrelación ocurre de modo particular en cada individuo, en cada etapa del desarrollo, constituyendo la situación del Desarrollo, que es la concretización del principio del determinismo en cada edad.
La concepción materialista dialéctica sobre la formación y el desarrollo de la personalidad brinda al educador un enfoque científico para la planificación de su labor pedagógica, especialmente en su labor educativa, en la cual el profesor debe tener en cuenta tanto las condiciones internas (biológicas y psíquicas) como externas que influyen en el desarrollo de la personalidad de cada estudiante.
Sin embargo, es frecuente escuchar opiniones inadecuadas de algunos profesores respecto a la personalidad de sus alumnos evidenciando una concepción incorrecta. Por ejemplo, cuando un alumno tiene dificultades docentes se pueden escuchar frases como estas:
-«Mejor sería que este alumno dejara la escuela pues no nació con inteligencia para estudiar».
-«Este alumno no puede ser diferente pues en su familia todos son así y tal como sea el ambiente en que se críe un muchacho, así será después».
Como puede apreciarse ambas opiniones responden a la concepción biogenética y socio genética respectivamente a partir de las cuales no puede valorarse justamente el papel de la educación en la formación y desarrollo de la personalidad. Si adoptamos las posiciones anteriores en el trabajo, negaremos la posibilidad que tiene la labor educativa de formar y transformar la personalidad de los estudiantes y con ello negaremos también nuestra propia labor como educadores.
Por ello es muy importante que se domine científicamente la concepción sobre la formación y desarrollo de la personalidad. Sólo así se podrá cumplir exitosamente las tareas fundamentales de la dirección pedagógica.







