El viaje empieza con historias y su primer impulso no es la sed de conocimiento sino la ignorancia, en ocasiones también el tedio o incluso la temeridad.
«Erase una vez un príncipe que ya no se sentía a gusto en la casa paterna y, como no tenia miedo de nada, se dijo: «Voy a salir al ancho mundo, los días no discurrirán tediosos y veré muchas cosas maravillosas”. Así pues, se despidió de sus padres y se alejo caminando, día y noche, sin descansar, sin importarle adonde lo llevaba el camino». De esta forma comienza el cuento del Príncipe Valiente, que no tenia miedo a nada, como el hijo tonto en el famoso cuento de Juan sin miedo, en cuyo comienzo se lee: “ por las noches, cuando contaban historias alrededor del fuego que ponían las carnes de gallina, los oyentes exclamaban, a veces, ¡Huy, que miedo! El joven, sentado en un rincón, las oía y no podía comprender que significaba eso.
El viaje empieza con historias y, como muestra el ejemplo de los sin miedo, el primer impulso del viaje no es la sed de conocimiento, sino la ignorancia, en ocasiones también el tedio o incluso la temeridad. Desconocimiento, ingenuidad, despreocupación son las condiciones imprescindible. El deseo de aventura es así mismo huida del tedio, pues tedio y aventura se encuentran unidos desde siempre. Solo el que no conoce la meta, puede emprender con éxito el viaje.
El saber y el prejuicio son custodios del miedo, el príncipe no tiene miedo, quiere irse simplemente.
El héroe encuentra en el camino a un mostruo. el mostruo le pregunta « ¿te sera muy dificil decirme qué buscas? (…) le respondio este: ¨te lo dire, estoy buscando aventuras. El mostruo dijo: – ¿Aventura?. ¿Qué es eso? Te lo explicare – respondio este- como vez voy armado, me hago llamar caballero y tengo la intención de encontrarme con otros semejantes para conocer sus culturas y mostrarle la mía.








