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La patria chica y el idilio de un mundo sin lugar.

30 julio, 2015 - A debate

Fundamento acerca del hogar, terruño o la patria chica.

Me quiere, no me quiere”… Con este decir entre los labios quiere saber si le aman y para ello deshoja una margarita. El prado es verde, el cielo de un azul intenso, el lago es cristalino, las montañas son altas y ella es una linda trigueña de largos cabellos, muy negros, es la hija de aquel campesino que día a día labra su tierra para obtener con sus esfuerzos el resultado esperado.

Hace ya poco más de quinientos años, el astrólogo polaco Nicolás Copérnico determino que la tierra no era el centro, ni la coronación del universo creado por Dios. Se trataba de un planeta más en uno de los innumerables sistemas solares; era una esfera que rotaba libre en el espacio. Hoy apenas se puede imaginar el impacto que causó aquella aseveración.

El “giro Copernicano” significo una ruptura en la manera de pensar de los hombres; nada suena más pasado de moda y anticuado que “el apego a la tierra”. Quien quiera definir hoy la relación entre hombre y mundo, conocimiento del mundo o competencia mediática. La comunicación mundial y la globalización celebran el final del espacio vital y del apego a la tierra.

Mientras la globalización digital destruye el sentimiento del espacio, el movimiento cada vez más rápido de los hombres por la tierra destruye el significado de los lugares que antes constituían un lugar. La relación entre el hombre y la tierra viene determinada por su ambigua unión a un espacio, marcado por el deseo de seguridad.

La patria es un lugar al cual siempre se añora regresar. Si hemos salidos de ella, siempre queremos regresar y si no, queremos salir de ella a conocer nuevos lares; pero con la añoranza del regreso, es refugio y cárcel a la vez, es objeto de culto en ocasiones desmedida, patria es materia prima imprescindible a grandes poetas. Basta que dejemos detrás la patria y comenzaremos a añorarla hasta los tuétanos.

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