¡Mira que a veces las malas decisiones que toma uno acaban con su propia existencia!
Sí, y lo es porque cuando uno es adulto y no se ha realizado en la vida, por no cumplir con sus sueños de cuando era pequeño -esa edad de la inocencia en que se expresan los verdaderos sentimientos y deseos a la pregunta “¿Qué quieres ser cuando seas grande?”-, queda verdaderamente frustrado. Y esa frustración te va acentuando por días el estrés, al punto de que te conviertes en un neurótico que peleas con todos y por cualquier cosa, nada te parece que salga bien ni que alcance sus verdaderos propósitos (ni siquiera aunque existan verdaderas buenas intenciones).
Tu paranoia actual es el resultado de las influencias negativas de los adultos en aquél inteligente y frágil niñito, que a pesar de su tan poca edad ¡tenía muy bien encaminado su futuro! Pero es que se le ocurrió a un “grandote” con influencias sobre ti, decirte que esos sueños no te iban a garantizar nada, que tenías que estudiar esto o aquello, con lo cual te convertirías en alguien importante y de respeto; que esa bobería en la que pensabas te llevaría a ser el hazmerreír del barrio y la vergüenza de toda la familia, y que con ello no lograrías una economía sólida, una linda novia, una casa cómoda y mucho menos un carro.
Según los mayores, había que estudiar muchísimo para viajar por el mundo, visitar las grandes ciudades, los legendarios centros históricos, sentir el calor de la gente de otros países y ver cómo viven y compartir con ellos; pasar cada una de las vacaciones en un lugar distinto sin preocupación alguna, y ¡hasta poder ser entrevistado por una hermosa periodista, salir en la televisión, en los periódicos y revistas…!
¡Contra, por qué le vine a hacer caso a los adultos!… ¡¡Yo solo quería ser integrante de un grupito musical!!
EL TROPELAJE –
boletín de humor cubano






