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Gobernanza mundial

29 junio, 2015 - A debate, Gobernabilidad

El tema de la gobernanza mundial aparece en el contexto de la llamada mundialización. Ante la aceleración de las interdependencias – a escala mundial – entre las sociedades humanas y también entre la humanidad y la biosfera, la “gobernanza mundial” sirve para definir la elaboración de reglas en esta escala.

Origen del término

Con el fin de la Unión Soviética y el socialismo real de la Europa del Este en 1991 marcó el final de un largo periodo de la historia internacional, considerada de “equilibrio”. Después de este acontecimiento histórico el planeta se encuentra en una fase de ruptura geoestratégica.

Definición

Una definición simple y extensa de la gobernanza mundial, utiliza este término para referirse al conjunto de reglas de organización de las sociedades humanas a escala planetaria.

Marco de la gobernanza mundial

Para algunos el futuro de la arquitectura mundial pasa por el establecimiento de un sistema de gobernanza mundial. Pero hoy en día la ecuación se complica considerablemente: mientras que hace un tiempo, se trataba principalmente de regular y limitar el poder de los Estados para evitar los desequilibrios y la ruptura del statu quo, el desafío actual de la gobernanza mundial consiste en tener un mayor peso colectivo sobre el destino del mundo mediante el establecimiento de un sistema de regulación de estas numerosas interacciones que superan la posibilidad de acción de los Estados.

¿Por qué hablar de gobernanza mundial?

– Debido a la heterogeneidad de las preferencias, a pesar de la globalización a menudo vista como un proceso de homogeneización implacable. Americanos y europeos lo ilustran así: hay poca convergencia entre ellos en relación a la división entre ámbito público y privado, tolerancia de las desigualdades y demanda de redistribución, actitud frente el riesgo, o definición de los derechos de propiedad. En algunos casos, incluso, la globalización actúa como un factor que acentúa las diferencias, más que como una fuerza de homogeneización.

– Para acabar, el último hecho destacable es la aparición de una conciencia cívica mundial, en parte integrada por una crítica frente a la globalización. Cada vez son más los movimientos y organizaciones que establecen su discurso a escala internacional o mundial. A pesar de sus limitaciones, esta tendencia es claramente una respuesta lógica al aumento de las cuestiones sobre la gobernanza mundial. Ya no se puede, finalmente, ni imaginar la economía mundial como una entidad en vías de rápida uniformización, ni tampoco conservar una visión tradicional calcado, económicamente. Hace falta situar la reflexión en dos dimensiones: la integración (menos completa de lo que parece); y la solidaridad de un destino común.

Legitimidad de la práctica del poder

Este principio establece que «hace falta que los pueblos generen un sólido consentimiento respecto la forma en que son gobernados, que las personas que ejercen la autoridad sean considerados dignos de confianza, que los límites impuestos a las libertades privadas sean tan pequeños como sea posible, y que surjan claramente de las necesidades del bien común; que la organización de la sociedad se asiente sobre un fundamento ético reconocido y respetado». Es en el marco de un puñado de instituciones internacionales poco democráticas y sin una verdadera o completa legitimidad, que se toman decisiones muy importantes que afectan a la economía mundial, y ya no más a nivel de las instituciones representativas (estados o unidades territoriales menores cuyos dirigentes son elegidos directamente). Al mismo tiempo los esfuerzos de coordinación y de acción establecidos por estas instituciones (y específicamente por Naciones Unidas) se han mostrado insuficientes para suprimir o incluso reducir significativamente la pobreza, la injusticia y la desigualdad, o para llevar a cabo acciones para reducir la degradación medioambiental.

Por un lado el problema se centra en la práctica real, especialmente a escala internacional, del marco normativo existente. El desarrollo de propuestas alternativas, el Foro por una Carta de las Responsabilidades Humanas sostiene que el papel jurídico secundario de la noción de responsabilidad supone un grave problema en el marco de un nuevo modelo de organización mundial que se base en el desarrollo sostenible en vez de en el productivismo y el crecimiento agresivos. En este sentido, un fundamento jurídico común debe ser usado para establecer la legitimidad necesaria. El establecimiento de este último puede basarse en tres pilares: la Carta de la ONU, la Declaración Universal de los Derechos Humanos y la Carta de las Responsabilidades Humanas. Esta última sería un documento paralelo y complementario de los anteriores, compuesto por el conjunto de responsabilidades humanas a escala mundial, y sería el resultado de un proceso permanente de redacción participativa abierta a toda la ciudadanía.

En este principio se sostiene que «hace falta que todos se sientan involucrados en el destino común, lo que impediría, por ejemplo, desarrollar una tiranía de la mayoría, permitiría un equilibrio entre derechos, poder y responsabilidades, y que ningún poder sea ejercido sin control».

La sociedad civil ha comprendido esta necesidad y ha trabajado durante años para dar voz a los ciudadanos. «Escuchar la voz de la ciudadanía es la forma más segura de responder a sus necesidades. Y es la satisfacción de estas necesidades la que debe constituir el fundamento básico de la organización de la gobernanza mundial. El ejercicio de la ciudadanía, por lo tanto, es una condición necesaria para la creación de cualquier nuevo modelo de gestión planetaria.»

La reforma de la gobernanza mundial en este sentido es inseparable de una reforma general de los aparatos de gobierno y del sector público, que, entre otras cosas, daría a la participación ciudadana una preponderancia en el proceso de toma de decisiones. La amplia revitalización de la democracia participativa que tuvo lugar durante las últimas décadas (participativo presupuesto participativo conferencias de ciudadanos, etc.) incluye también propuestas para lograr que la participación ciudadana sea el elemento fundamental en la toma de decisiones de las administraciones públicas.

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