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Maritza Ávila de la Rosa, la delegada de la circunscripción

15 junio, 2015 - Gobernabilidad

f0036411Los habitantes de la rural zona de Dumañuecos, al norte de la provincia de Las Tunas, si se hubiesen aferrado al estrecho concepto que algunas personas tienen de la ama de casa, hoy Maritza Ávila de la Rosa no fuese la delegada de la circunscripción, que los representa, canaliza sus problemas e inquietudes y gestiona con las autoridades locales las soluciones más adecuadas.

No es la primera vez que el vecindario de­posita confianza en esa mujer que —además de lavar, cocinar, planchar, limpiar la casa, atender a la familia y enredarse en cuanta faena exige un hogar— tiene también suficiente capacidad y desenvolvimiento pa­ra concretar la forma en que el pueblo expresa sus bases de gobierno en Cuba.

“Lo hice en el año 2003 —explica— y los electores han vuelto a votar por mí en las recientes elecciones. Nadie los obligó a hacerlo; como se sabe esa es una decisión muy soberana de cada quien. Pienso que ven cualidades en mí para representarlos y yo trataré de hacerlo del mejor modo”.

— ¿Cómo te atienden las entidades estatales?

—Cuando acudo a las entidades y organismos para tramitar alguna inquietud de mis electores siento que soy bien atendida, que me dan el mismo tratamiento que a los de­más delegados. No veo diferencia, ni tiene por qué haberla.

— ¿Qué se necesita para realizar un buen trabajo como delegada de circunscripción?

—Además de dedicarle tiempo y pasión a esa responsabilidad, pienso que también de­be tener un buen grupo de trabajo comunitario, apoyarse en las personas que más pueden ayudar. El delegado solo no puede lograr lo mismo que cuando está apoyado por los factores y líderes de la comunidad. Por eso estoy preparando y fortaleciendo bien a mi equipo.

 

Ello, según afirma Maritza, le permitirá con­vocar y movilizar mejor a electores y familiares no solo en momentos de rendición de cuenta, sino también en función de ne­cesida­des muy concretas durante todo el año, asociadas al ámbito comunitario, a la higienización,  saneamiento, enfrentamiento a la indisciplina social y otras tareas que a menudo coinciden con asuntos que laten, preocupan y hasta perjudican a la población.

Maritza no es exclusividad. Como ocurrió con ella, en numerosas circunscripciones del país la población les concedió su voto y total confianza a mujeres que ya no serán solo “amas de su hogar”, sino también amas de la privilegiada responsabilidad que significa representar y gobernar por y para los demás.

Autor: Pastor Batista Valdés | pastor@granma.cu

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